Una forma de posesión

A veces de las páginas de un libro se desprende una atmósfera, un poder, un no se qué, que atrapa y maravilla al descuidado lector. En la entradilla del libro “Conquista de lo inútil”, del director Werner Herzog, se dice que el autor vive en Los Ángeles, desde donde imparte seminarios de cine sin explicaciones técnicas concretas, una especie de escuela “para los que han viajado a pie, han mantenido el orden en un prostíbulo o han sido celadores en un asilo mental (…) en resumen, para los que tienen un sentido poético. Para los peregrinos. Para los que pueden contar un cuento a un niño de cuatro años y mantener su atención, para los que sienten un fuego en su interior” .En la introducción de ese libro, que narra los acontecimientos que marcaron como una maldición el rodaje en la Amazonía de la película “Fitzcarraldo”, nos pone sobre la pista de lo que es ese fuego interior que hace presa en el artista y que antes de consumirlo nos deja joyas como esta: “Con la desquiciada furia de un perro que ha hincado los dientes en la pierna de un ciervo ya muerto y tira del animal caído hasta el extremo de que el cazador abandona todo intento de calmarlo, se apoderó de mi una visión: la imagen de un enorme barco de vapor en una montaña. El barco que, gracias al vapor y por su propia fuerza, remonta serpenteando una pendiente empinada en la jungla, y por encima de una naturaleza que aniquila a los quejumbrosos y a los fuertes con igual ferocidad, suena la voz de Caruso, que acalla todo dolor y todo chillido de los animales de la selva y extingue el canto de los pájaros. Mejor dicho: los gritos de los pájaros, porque en este paisaje inacabado y abandonado por Dios en un arrebato de ira, los pajaros no cantan, sino que gritan de dolor, y árboles enmarañados se pelean entre sí con sus garras de gigantes, de horizonte a horizonte, entre las brumas de una creación que no llegó a completarse. Jadeantes de niebla y agotados, los árboles se yerguen en este mundo irreal, en una miseria irreal; y yo, como en la stanza de un poema en una lengua extranjera que no entiendo, estoy allí, profundamente asustado”

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