Un dios nuevo a llegado

Todo esto tenia que llegar alguna vez, y como era de esperar, nos pilla desprevenidos. Estábamos acostumbrados a ver las convulsiones económicas, y sus derivadas sociales, en otras partes del mundo, muy lejos de la glamurosa Europa y de la alegre y confiada España. Pero el dedo furioso de un nuevo dios llamado Mercado, y su ejercito de sacerdotes financieros que lo expanden como una epidemia, ya nos ha señalado. No hablo de la política, a la que ni desprecio ni me hipnotiza (salvo que la lleve medias de cristal y tacón de aguja).Me refiero a lo que está sucediendo de un día para otro, y a lo que tal vez está por venir. Resulta que, esa raza de víboras que representan lo peor del ser humano y que dirigen las finanzas de este mundo tan pequeño, los mismos que están llevando la nave tierra a la zona de desguace, los que provocan derrocamientos de gobiernos, guerras, hecatombes y resurrecciones bursátiles, los que ven la vida en términos de ganancia/pérdida, son los mismos que ahora nos imponen la solución al problema y nos obligan a rezar a ese diosecillo con sus propias oraciones y mantras, y ha ofrecerle sacrificios sin fin para calmar su ira. Ellos, que son el gato salvaje al que nadie ha podido poner el cascabel en el cuello, se atreven con nosotros, los ratones, y nos colocan su cascabel en la punta de la cola, para que se vea quien manda y quien es el mandado. Parafraseando ese poema que dicen que es de Beltor Brecht, aunque en realidad es del pastor luterano Martín Niemoller, leído en un sermón de la Semana Santa de 1946, y que llaman “Y si vienen a por nosotros”:”Cuando los financieros vinieron a buscar a los pobres de África, guardé silencio, porque yo no era un africano,Cuando atacaron a los pueblos de América Latina, guardé silencio, porque yo no era latino americano,Cuando vinieron a buscar a los desheredados de Asia, no protesté, porque yo no era asiático,Cuando vinieron a buscar a los griegos no protesté, porque yo no era griego,Cuando vinieron a buscarnos a los españoles, no había nadie más que pudiera protestar.”Pero por mucho que se empeñen, jamás podrán robarnos canciones como ésta que, aunque no se lo que dice, seguro que habla de cosas que aquellos brutos tan fotogénicos que salen todos los días en la televisión con sus risa de plástico jamás comprenderán, porque un día olvidaron lo que significa ser un hombre o una mujer. Solo saben postrarse ante su hucha y pedirle a su diosecillo un elevado tipo de interés.

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