Dos hombres y un destino

Dos hombres y un destino. Con Paul Neuman y Robert Redford.

Una de esas películas que, cuando se han visto de joven, se quedan grabadas en la memoria por muchos y muchos años,al igual que su banda sonora. Lo mismo que aquel extraño olor de los cines de entonces, los de sesión continua y doble, en los que de rato en rato pasaba el acomodador con una especie de spray perfumando y desinfectando la sala mientras uno se reclinaba en la butaca ajeno al mundo y dispuesto a soñar un poco en aquellas tardes del viernes, a esa misma hora en la que tus compañeros del Instituto se aburrian tomando apuntes sobre el Tratado de Tordesillas, por ejemplo, con la esperanza de convertirse en hombres de provecho. Tal vez lo han conseguido. Yo sigo prefiriendo la butaca.

Ese Paul Neuman. De haber sido yo mujer, lo tendría en el altar ams destacado de mi santoral erótico. Sin duda.

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